Wols, El Cosmos y la Calle en el Museo Reina Sofía


Del 13 de febrero de 2014 al 26 de mayo de 2014

Wols (Alfred Otto Wolfgang Schulze, 1913, Berlín - 1951, París) es una de las figuras más enigmáticas del arte del siglo XX. Pese a la originalidad, brillantez e influencia posterior de su trabajo, su legado se ha visto rodeado por cierto aura de artista “maldito” y ha sido postergado a un segundo plano por otros nombres más sonoros para el gran público.



La exposición Wols: el cosmos y la calle, organizada por el Museo Reina Sofía, profundiza en la recuperación de los discursos dispersos del arte europeo surgido en el traumático período de la posguerra mundial y rescata, a través de unas 90 obras, la singular contribución artística de Wols.

La muestra del Museo Reina Sofía resulta única ya que, además de enlazar la producción de Wols con la propia colección del Museo - que cuenta con obras del creador alemán-, se ha concebido no como una retrospectiva con estructura cronológica sino como una exposición concentrada al mismo tiempo en los dos focos principales de su quehacer artístico.

Por un lado, repasa los dibujos, grabados, acuarelas y óleos “abstractos” producidos por Wols, tanto durante la Segunda Guerra Mundial como en la posguerra, cuando el artista soportaba una vida precaria en Francia. Por otro, revisa sus trabajos fotográficos, realizados antes del conflicto bélico, entre 1932 y 1938.

El Cosmos “es sinónimo de sus exquisitos dibujos, la creación de una visión de la energía universal que se expresa en fluidas construcciones de formas biológicas y orgánicas. La calle representa lo cotidiano, lo terrenal, los detalles prácticos de la existencia humana que revelan las fotografías de Wols” apunta Guy Brett, comisario de la exposición en el catálogo editado para la ocasión.

Wols, cuyo prestigio surgió mucho después de su muerte prematura, es conocido principalmente por su faceta de pintor asociado a los orígenes del informalismo. Junto a la pintura, produjo un segundo grupo de obras, las fotografías, que hasta la fecha han suscitado menor interés del que realmente merece. Este hecho resulta aún más sorprendente si se tiene en cuenta que Wols trabajó sobre todo como fotógrafo durante más de una década y que su modo de fotografiar, inequívocamente personal, guardaba una importante relación con su obra pictórica y gráfica que la exposición trata de destacar.

Se trata, en definitiva, de una exposición tanto para ser pensada como para ser mirada y en cuyo recorrido nos guiarán las propias palabras del artista, que muestra su complicidad con el espectador al afirmar que “ver significa cerrar los ojos”.

En la organización de esta exposición, el Museo Reina Sofía ha optado por presentar la obra en función de dos tipos diferentes de “grafismo”: el de la luz (fotografía) y el de la línea (dibujo). A su vez, las cerca de 90 obras que la componen están distribuidas en tres ámbitos distintos. Por un lado, uno de los espacios habilitados recoge una selección de 41 dibujos y acuarelas de Wols, así como una decena de libros de autores como Sartre o Artaud ilustrados con grabados suyos. Un segundo apartado alberga una reducida pero rigurosa selección de seis de las obras realizadas entre 1946 y 1949 en las que Wols trabajó a una mayor escala de tamaño, los óleos. En el tercero se recogen 29 fotografías.

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