BILL THOMPSON EN LA GALERÍA MIGUEL MARCOS

BILL THOMPSON EN LA GALERÍA MIGUEL MARCOS
"Coro"
Galería Miguel Marcos
Del 18 de abril al 31 de mayo

 BILL THOMPSON
  Duo, 2009
  Uretano acrílico sobre bloque de poliuretano
  43 x 53 x 23 cm

La Galería Miguel Marcos presenta “Coro”, una exposición que recoge, por segunda vez en Barcelona, la producción del artista norteamericano Bill Thompson. Para esta ocasión, se ha seleccionado casi una veintena de las esculturas y pinturas más representativas de sus últimos años.


El trabajo de Bill Thompson (Ipswich, Massachussets, 1957) parte de la idea de lo monócromo. En palabras del propio artista, lo monócromo representa, a la vez, una conclusión y un punto de partida ante lo cual reconoce acabar desarmado, pero inspirado al mismo tiempo, por su pureza e infinitas posibilidades. Su lenguaje, claramente deudor del minimalismo, se articula principalmente a partir de objetos de poliuretano con vida propia que reclaman unos colores que se encuentran, en ocasiones camuflados, en un mundo aparentemente caótico y descolorido. Así, la propuesta artística de este creador estadounidense busca, ante todo, el placer estético.

BILL THOMPSON
  Blast, 2009
  Uretano acrílico sobre bloque de poliuretano
  61 x 61 x 12 cm
En esta ocasión, se infiere una clara influencia musical en su gesto artístico. Mientras que en una sala de la galería las piezas tridimensionales se disponen sobre la pared como si fueran notas musicales que flotan, ligeras, sobre un pentagrama imaginario, en la otra pueden apreciarse, sobre papel, vistas parciales de las mismas. Estas notas-esculturas, como si de las voces de un coro se tratasen, dialogan en perfecta armonía para generar, entre todas, una música mesurada sin errores en su gramática. Con este acto de desconfiguración y reconfiguración de los sentidos, la escultura se convierte en sonido, la pintura en escultura y la música se hace física para subvertir los límites que, habitualmente, las separan entre sí.

Gracias a la versatilidad que emerge de su forma de entender cada uno de estos lenguajes, el espacio expositivo se convierte en un auditorio que, aunque mudo, reúne a sopranos, contraltos o pintores. Y en este espacio, espectáculo de la sublimidad del color y del sonido, el espectador ve y escucha la música de una pintura que se presenta en clave escultórica. Una pintura/objeto proporcionada y brillante cuya forma resulta familiar pero, a la vez, extremadamente difícil de describir. Estas formas dibujan volúmenes cóncavos y convexos que dibujan superficies satinadas cargadas de luminosidad. Superficies que acogen los reflejos que las rodean y en las que el espectador queda hechizado ante el poder, casi hipnótico, para las que fueron concebidas: la contemplación de la belleza en su estado más puro y original.

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