MATEO MATÉ EN SILOS

MATEO MATÉ EN SILOS
"Universo personal"
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Lugar: Abadía de Santo Domingo de Silos (Burgos)
Del 13 de marzo al 27 de junio de 2012



Mateo Maté ha concebido una obra expresamente para el espacio expositivo de la Abadía de Santo Domingo de Silos. El artista madrileño ha viajado hasta el monasterio burgalés en varias ocasiones para tomar contacto con sus habitantes, los monjes, y acabar de definir este proyecto. 

La instalación Universo personal que presenta Maté tiene que ver con la concepción personal, mística, que los religiosos tienen del universo-su universo, una visión anterior a las teorías de Galileo. Con la ontemplación de esta obra se establece –a decir de uno de los monjes de esta comunidad, Víctor Márquez-, una especie de “dialéctica entre el ancho mundo y ese otro mundo que, contraído, explora el espíritu de la lentitud”.

Para hacernos partícipes de ello, el artista utiliza imágenes que recuerdan a las de películas de ciencia-ficción que todos conocemos e invita al espectador a contemplar un viaje espacial a través de las imágenes que graba una cámara en su recorrido por la sala expositiva

En tiempo real, la proyección recoge el viaje intergaláctico. Los objetos que se encuentran colgados del techo son simples, humildes, cotidianos, de los que los monjes utilizan a diario: una cama, una sandalia, unas gafas, un misal, cubiertos, una silla, una jarra… La cámara permite al espectador realizar un recorrido “interplanetario” entre los objetos y, como en las películas de ciencia-ficción, “pasea entre las naves” (los objetos). Este viaje galáctico es el viaje a través del mundo de los monjes, un mundo austero, a la vez que infinito. El montaje permite al visitante sentirse dentro de una nave para acercarse a las piezas, viajar entre unas y otras, observar cómo flotan… “La auténtica identidad de estos objetos -explica Lynne Cooke-, según van apareciendo y desapareciendo silenciosamente en este reino ilusorio y misterioso, tiene poca importancia, como si fueran únicamente medios y métodos para la meditación”.   

En un tiempo tan convulso como el que vivimos, los monjes permanecen en su mundo, no necesitan mucho, es su pequeño universo y dentro de su austeridad, del voto de clausura, de silencio, conocen el universo a través de su habitación y de los libros. El proceso es similar al de un ermitaño que sabe lo que hay fuera sin salir de su habitación. Sin la ambigua experiencia de lo grande, difícilmente se puede gozar por contrapartida de lo pequeño. “También lo grande se vuelve pequeño para el monje benedictino, que recibe en su regla el consejo de tratar todos los objetos del monasterio como si fuesen vasos sagrados del altar”, reflexiona el padre Víctor Márquez, uno de los habitantes de la Abadía.  



Los simples objetos que penden de un hilo son sus estrellas, sus naves, con lo que se relacionan; y cada uno de ellos es una pequeña metáfora personal.   

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