TXOMIN BADIOLA EN CARRERAS MUGICA

TXOMIN  BADIOLA EN CARRERAS MUGICA
Una entrada mil salidas
Carreras Mugica
Del 15 de Diciembre de 2011 al  27 de Enero de 2012

Txomin Badiola


Esta exposición es un ejercicio, un ensayo de creación de una forma que active un conjunto de obras, algunas de ellas realizadas con anterioridad -a lo largo de los cinco últimos años- y otras concebidas ex profeso para  la instalación. Como planteamiento, no debe entenderse como una mera estrategia de presentación, sino más bien como parte  del desarrollo temático-estructural de  las propias obras.

Mi modo habitual de trabajar comienza con la recopilación de determinados signos, imágenes, fragmentos de textos, palabras, figuras, etc. Esta recolección no es casual sino interesada; cada uno de los elementos ha tenido que constituirse en un “atractor”, representar un movimiento del deseo que, en su indeterminación, ha acabado por posarse sobre alguno de estos signos. Durante algún tiempo, en este proceso nada sucede hasta que, azarosamente, se inicia una reacción; algunos de los elementos toman importancia y otros quedan relegados, unos buscan la relación con otros a la vez que varios de ellos se repelen, buscan su distancia, se generan conexiones y encadenamientos, la obra comienza a tomar cuerpo como una “proliferación”.


En el flujo así creado, el problema es obtener la forma, poner en juego una voluntad de articulación. Pero esta voluntad implica un doble movimiento: uno más inmediato, el que impone la lógica del sentido: todo debe discurrir hacia un fin, la proliferación debe ser apaciguada, debe delimitarse, adoptar algún marco donde el flujo pueda ser contenido, donde el puro conectarse de los elementos tome una dirección. Por otro lado, el deseo impone la necesidad de que el dispositivo que lo limita,  al mismo tiempo, lo desborde; el deseo tiende a sucumbir al puro flujo proliferativo. 

Este doble movimiento, hacia dentro y hacia fuera, se configura dentro de una forma que otros momentos he denominado “mala forma”, una forma deficitaria e incompleta al tiempo que necesariamente exuberante, diferente a lo que normalmente se entiende como “buena forma”, la forma gestáltica, perfectamente identificable, cerrada y plena.

La obra de arte actual está ya muy lejos de la plenitud que a menudo se ha reclamado a las obras de arte. De hecho esa plenitud era deudora de una metafísica de la presencia que elaboró Kant al distinguir claramente lo que era la “obra” (ergon) de lo que no lo era, así como de los estadios indefinidos (parergon) -por ejemplo el marco de los cuadros- que contribuyen a la obra, positiva o negativamente, pero que no son obra. 

Derrida tomará esta noción de  parergon y pondrá en evidencia la pugna constante entre un interior y un empuje hacia el exterior que hace del parergon un indecidible (obrano obra) que trabaja oculta y activamente para la energía desencadenada que es la obra de arte. Derrida, deconstructivamente, enrarece la idea tradicional del límite materializada en el parergon, eliminando la supuesta evidencia del límite entre el cuadro y el marco, entre el marco y la pared, el adentro y el afuera, entre lo accesorio y lo sustancial, entre la obra y sus discursos, entre la forma particular y el resto de las formas conocidas. Así, la obra de arte no será una totalidad perfectamente definida, una presencia plena, sino que estará constituida por un núcleo que nunca se encuentra, una falta que busca completarse fuera de ella misma.

¿Y el sentido? ¿Se le puede pedir sentido a una obra, cuando esta no es sino una promesa de algo perpetuamente diferido, algo que nunca está presente en su plenitud?Se demanda el sentido cuando la obra, como asegura G. Steiner, “lleva consigo el escándalo de su propio azar”, cuando siempre podría no haber sido -a diferencia de lo ineluctable de la ciencia que parece acudir puntual a su cita con la historia (Leibniz y Newton descubriendo el cálculo diferencial e infinitesimal simultáneamente y sin conocerse)-. Sin embargo la obra de arte no es sólo azar, es forma, es una mala forma, incompleta y sinsentido, que busca su plenitud y su sentido fuera de ella misma o mejor en el espacio sin lugar, atópico, del parergon.

Afirma Harold Bloom que el significado de un poema es siempre otro poema. Lo conocible -de lo que la obra de arte produce- exige una nueva producción. El papel común del espectador y el artista consiste en participar activamente en los juegos de lenguaje. Que nadie espere valores, ni siquiera ideas, sino más bien un movimiento, una movilización. Una obra de arte buena es aquella que incita a la acción y no solo a la contemplación o al apabullamiento por su prestigio social o histórico. Conocer una obra de arte es apropiarse, hacer uso y abuso de  la misma, hasta que desaparezca o resulte engrandecida por los embates. Las obras realmente importantes se han hecho con el tiempo, no nacieron tan grandiosas. Cada vez que alguien se pone delante de una de ellas, se produce una transformación, cada vez que una obra propicia la creación de otra obra, aquella queda marcada. Detrás del acto creador más íntimo se esconde una colectividad: la de las obras que nos precedieron, la de nuestras coetáneas y la de las que están por llegar.

Las dos cuestiones ligadas a la idea de la mala forma mencionadas: estructuralmente, su carácter incompleto, fragmentario y, desde el punto de vista del sentido, su perpetua fuga en otras obras, propias y ajenas, contemporáneas y del pasado, también en la obras venideras, han marcado  mi dedicación en los últimos años. Esta exposición pone a trabajar ambas cuestiones en el ámbito de lo expositivo en un ejercicio de coherencia con el tipo de obras que la componen. 


Los materiales empleados son básicamente de tres tipos:
-Una serie de collages de textos y fotografías, realizados a partir del año 2006 y titulados genéricamente RSF, donde literalmente se pone en escena deslizamientos del sentido entre obras plásticas, literarias, cinematográficas, de diferentes épocas.
-Unas gráficas sobre papel pertenecientes a la serie titulada  Anxiety, 2007, en las cuales, imágenes de violencia conviven con textos que tratan del “agon” creativo, de la lucha del artista con sus antecesores.
-Un conjunto de obras que incluyen un elemento estructural escultórico constituido por fragmentos de una unidad original, ya irreconocible, que enfatizan la posibilidad de generar mentalmente conjuntos, igualmente fragmentarios, a partir de una especie de conectividad proliferante. Parte de este conjunto de trabajos, los titulados Una entrada mil salidas, está realizada en 2011 para la exposición, los titulados Si la memoria no me traiciona 2 y 3, fueron realizados en 2008 y 2009-11 respectivamente.

A partir de estos materiales se ha creado un dispositivo cuya estructura, en parte musical, en parte poética, está organizada en siete grupos, presididos por una de las gráficas de Anxiety que a su vez define temáticamente cada uno de ellos: el error de interpretación/la desviación intencionada, la humillación/el vacío de sí mismo, el enfrentamiento de igual a igual, el padre mítico y verdadero, el abrazo de las pasiones, los débiles idealizan/los fuertes se apropian, el precio de la victoria sobre los muertos.

En cada uno de estos grupos se incluyen obras de RSF que vienen  a ser variaciones en el sentido musical,  del tema, entrecortadas por los elementos más escultóricos que actúan a modo de estribillo o ritornello.

Este dispositivo materialmente se encarna en una serie de líneas paralelas de madera sujetas a las paredes -aunque a veces floten sobre ellas-, que, al tiempo que actúan como soporte de las “obras”, constituyen un particular marco -ni fondo/ni figura- que contribuye a desgarrar los límites que favorecen la unidad y plenitud que la convención atribuye a unas obras que por otro lado su propia estructura interna niega. Un marco que enmarca y desenmarca, un parergon  que trabaja como marco contra sí mismo.


TXOMIN BADIOLA. Dec. 2011

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