EL VINO DE LA FIESTA DE SAN MARTÍN DE PIETER BRUEGEL EL VIEJO POR PRIMERA VEZ EN EL MUSEO DEL PRADO

EL VINO DE LA FIESTA DE SAN MARTÍN DE PIETER BRUEGEL EL VIEJO POR PRIMERA VEZ EN EL MUSEO DEL PRADO
Una de las adquisiciones más excepcionales de la historia del Museo
Museo del Prado

El vino de la fiesta de San Martín después de la restauración
 Pieter Bruegel el Viejo
 1566-1567
Temple de cola sobre lienzo, 148x 270,5
Madrid, Museo Nacional del Prado

El Museo del Prado muestra al público, por primera vez, El vino de la fiesta de San Martín, obra de Pieter Bruegel, el Viejo, la figura más importante de la pintura flamenca del siglo XVI. Recientemente incorporada a sus colecciones y una vez concluida su restauración, la obra se exhibirá temporalmente en la sala D del edificio Jerónimos, hasta el 25 de marzo. Además de destacar la excepcionalidad de la identificación y adquisición de una obra de Pieter Bruegel el Viejo (del que se conocen 41 pinturas) en nuestros días y la importancia de la obra en sí, la presentación de la misma en este espacio, junto a su radiografía y un video explicativo de su restauración, permitirá al público conocer los momentos claves del complejo proceso y poner en valor el resultado final de la intervención.

La identificación de El vino de la fiesta de San Martín como obra autógrafa de Pieter Bruegel el Viejo ha sido uno de los descubrimientos de mayor relevancia que se ha realizado en muchos años respecto a la obra de este gran pintor flamenco, cuya figura supera incluso a Quintin Massys y Joachim Patinir, artistas que, junto a él, conforman la triada de pintores flamencos más destacada de su centuria. Con su incorporación a las colecciones del Prado, el Museo suma una de las composiciones más geniales y complejas de Pieter Bruegel el Viejo a la única pintura del artista que hasta ahora atesoraba en sus colecciones y única también que se conserva en España, El triunfo de la muerte (cat. 1393, Museo Nacional del Prado. Óleo sobre tabla, 117x162 cm.; h.1562), obra maestra del pintor procedente de la Colección Real.


La obra es una sarga o tüchlein pintada con temple de cola sobre una tela sin preparación, siguiendo una técnica habitual en Flandes en los siglos XV y XVI, aunque sobreviven relativamente pocos ejemplares. El soporte original de la pintura es lino con ligamento de tafetán, una tela sumamente fina y regular, de color claro, muy utilizada en esa época. Sobre la tela sólo se ha aplicado un apresto de cola de origen animal, forma de trabajar habitual en las sargas, que se solían colgar en la pared sin bastidor. La factura de la pintura es muy sencilla, con una o dos capas de pintura, dado que el temple de cola no permite empastar o el uso de veladuras y apenas presenta dibujo subyacente, debido a la forma en que se ejecutan estas sargas, directamente, "a la prima".

En esta sarga se representa la fiesta del vino de San Martín. El 11 de noviembre, festividad del santo, se comía la oca de San Martín –coincidiendo con la matanza de otoño-. La víspera se degustaba el primer vino de la nueva estación, denominado vino de San Martín. Precisamente la coincidencia de la fiesta con el fin de la vendimia, en pleno otoño, asociaba con las celebraciones del santo una distribución de vino al pueblo, que tenía lugar fuera de las puertas de la ciudad. De esta manera, pese a la presencia de san Martín a la derecha, no es un cuadro religioso ni una obra de devoción, aunque tampoco una escena de género. Lo que centra la representación es la celebración de la fiesta dedicada al santo tal como tenía lugar en Flandes y en los países germánicos en esa época, casi una bacanal, preludio del carnaval en los meses de invierno. Se pone de manifiesto en ella la tensión irónica entre la caridad de san Martín –vestido como un caballero a la moda desde el siglo XV- y los excesos de la fiesta que
lleva su nombre.

Avanzado el otoño, con muchos árboles sin hojas, fuera de la puerta de la ciudad – arquitectura que recuerda la Puerta de Hal de Bruselas-  y próximo a las casas de la campiña, se ha dispuesto en el centro un enorme tonel de vino, que Bruegel pinta de rojo, sobre un andamio de madera. En torno a él se amontonan personajes de muy distinta condición: hombres -jóvenes y viejos- y también mujeres -algunas con niños-, campesinos, mendigos, y ladrones, todos tratando de obtener la mayor cantidad posible de vino. Mientras algunos que han conseguido llenar sus recipientes tienen ya sus pies en el suelo, otros, en su intento por lograrlo, se abrazan a las vigas, se tumban sobre el tonel o se inclinan con evidente riesgo de caer para recoger un chorro del vino que sale del tonel en toda clase de recipientes, sin excluir sombreros o zapatos. El efecto que logra Bruegel, que hace gala de su enorme maestría a la hora de componer y lograr encajar a todas las figuras –en torno a cien-, es el de una montaña formada por una humanidad que se deja llevar por la gula, una especie de Torre de Babel compuesta por bebedores. De forma intencionada, Bruegel opone el círculo que conforma el grupo central en torno al tonel de vino con la disposición piramidal, mucho más estable, del grupo en el que se reproduce la caridad de san Martín, a la derecha. La composición se completa en el lado opuesto, a la izquierda de la sarga, con las figuras que se dejan llevar por los efectos del vino. El pintor plasma lo que les sucede a los que, al contrario
que el santo, se han visto arrastrados por el pecado de la gula en lugar de por la virtud, como el personaje que está a punto de vomitar y el que yace en el suelo sin conocimiento sobre sus vómitos, los dos hombres peleándose o la mujer que ofrece  vino a su bebé.


Identificación y adquisiciónEn noviembre de 2009, ingresó en el Museo del Prado a través de Sotheby’s, Madrid, la sarga de El vino de la fiesta de san Martín, procedente de una colección particular española, con la atribución a Pieter Bruegel el Viejo para su estudio y posible compra. Los análisis técnicos fueron decisivos para reconocer en esta obra la singular grafía del pintor enmascarada por una gruesa capa de barniz de poliéster cuya eliminación permitió identificar su mano en superficie, confirmando la autoría de Bruegel, de la que no existe duda tras la aparición de la firma del pintor en septiembre de 2010, facilitando la adquisición de la obra que se llevó a cabo a finales de ese mismo año para formar parte de la colecciones del Prado.

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