JOSÉ RAMÓN AMONDARAIN EN DOMUS ARTIUM

JOSÉ RAMÓN AMONDARAIN EN DOMUS ARTIUM
"entre-(t)acto"
(DA2)
Del 25 de Noviembre 2011 al 4 de Junio 2012

José Ramon Amondarain. Sin título: 2006


José Ramón Amondarain (San Sebastián,1964) es uno de los más significativos renovadores del lenguaje pictórico de la última década; una figura clave para aproximarnos al debate sobre la vigencia de la pintura que a tantos artistas y críticos ha preocupado en los últimos años. Esta exposición, la más completa que se ha realizado hasta ahora en España sobre su trabajo, pretende precisamente destacar la contribución de este artista a ese debate,examinando un arco temporal de más de 20 años.

Bajo el título "entre-(t)acto", (que debe interpretarse tanto como una reivindicación del proceso pictórico, como una cita al film Entr'acte -1924- de René Clair ) la exposición reúne cerca de un centenar de obras en diversos formatos y soportes que se extienden a lo largo de 6 salas que ocupan la totalidad de la primera planta del DA2. Sin seguir un orden estrictamente cronológico, cada espacio tiene a nivel temático y conceptual cierta autonomía para que la lectura sea más limpia para el espectador pero al mismo tiempo se pueden establecer diferentes vectores de conexión que, tanto a nivel formal como conceptual, atraviesan una y otra vez toda la trayectoria de este artista.

En el proteico trabajo de Amondarain la pintura se convierte en un espacio de tensión conceptual; un campo de batalla donde “combaten” las fuerzas interiores de la imagen pugnando por romper sus límites, pues cada imagen nos reenvía a otras imágenes (propias y ajenas) en una suerte de laberinto de espejos en el que caben tanto reflexiones formales y conceptuales sobre el proceso pictórico, como singulares relecturas de obras emblemáticas de artistas actuales como Cindy Sherman, Matthew Barney Jeff Wall, Nan Goldin, Jorge Oteiza, Txomin Badiola, Pablo Palazuelo, Robert Gober, Thomas Ruff o Douglas Gordon. Frente a cada uno de estos referentes Amondarain despliega lo que críticos como Fernando Castro o Rosa Olivares han denominado una estrategia de “canibalismo cultural”; basada en la cita, el extracto, el encuadre, la analogía o la escenificación de la obra en cuestión... “una actitud de infiltración y sabotaje en el flujo icónico (…) pero también una especie de combate contra las convenciones que acotan la práctica de la pintura”.

En efecto, un lugar común a la hora de reflexionar sobre la obra de artistas como Amondarain es preguntarnos si el término “pintura” todavía resulta preciso a la hora de encuadrar sus trabajos. Particularmente creo que en sus obras la pintura parece liberada de los discursos funerarios o de las actitudes que la convierten en tabú y que nos encontramos en realidad ante una “celebración” del acto pictórico, o dicho de otro modo: ante una re-presentación de “la pintura como acontecimiento” que no es ajena a la perpetua redefinición de su estatuto.

Como es sabido la actividad pictórica ha oscilado en los últimos cuarenta años entre la teatralidad y el ensimismamiento; y en medio de esta dialéctica Amondarain asume de modo consciente una actitud retórica –no exenta de parodias y guiños históricos- que produce un desvío en nuestra lógica perceptiva. Tras la pintura posmoderna de los años 80, que, como ha señalado Knut Ebelling, era “pintura entre y por encima de la pintura”, la pintura de Amondarain, en la misma medida que la de artistas como Fabian Marcaccio o Franz Ackermann (cuyo trabajo también se ha exhibido en el DA2) se podría considerar de muchas otras maneras: “pintura entre y por encima de la historia”, “pintura entre y por encima de los géneros” y, sin lugar a dudas: “pintura entre y por encima de los medios”, es decir, pintura que encuentra su energía en la interacción dialéctica con otros medios, soportes y disciplinas.

En este mismo orden de cosas, Amondarain forma parte de una generación de artistas que desde finales del siglo pasado ha participado en esta ilimitada “expansión del campo pictórico” -en unos términos análogos a los que Rosalind Krauss formulaba para la escultura- realizando “promiscuos” y estimulantes viajes de ida y vuelta entre la pintura, la fotografía, la escultura, la arquitectura o la instalación que han arribado a un territorio en el cual los límites ente disciplinas y soportes se vuelven completamente borrosos. Podemos en suma afirmar que en la mayoría de las obras que este artista se revela aquello que Paul Virilio denominó: “las diferentes logísticas de la mirada”, en el sentido de que lo suyo ya no son cuadros, sino más bien: “paradojas visuales” en las que ya nada es exactamente pintura, ni exactamente fotografía, ni exactamente vídeo sino simplemente: “imagen”, y es de hecho ese valor polisémico y deconstructivo de esas imágenes que como apuntaba: Graig Owens ya sólo pueden ser “imagen de otra imagen” el que está sirviendo en los últimos años para la reformulación del “acto” pictórico.

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