ARQUITECTURAS PINTADAS

ARQUITECTURAS PINTADAS
Del Renacimiento al siglo XVIII
Museo Thyssen-Bornemisza 
Del 18 de octubre de 2011 al 22 de enero de 2012


El Museo Thyssen‐Bornemisza de Madrid y la Fundación Caja Madrid presentan a partir del 18 de octubre la exposición Arquitecturas pintadas, un conjunto de más de 140 cuadros, desde el Renacimiento al siglo XVIII, en los que arquitecturas y ciudades pintadas son tema principal o fondo para la representación de escenas diversas. El objetivo es mostrar al público la evolución de estos decorados o escenarios arquitectónicos y el abanico de matices que contribuiría a su independencia como género ya en el siglo XVIII.  


Las arquitecturas pintadas fueron una de las opciones elegidas por muchos artistas para resaltar las escenas y los episodios representados en sus cuadros; grandes pintores tanto de la órbita mediterránea como del norte de Europa, desde el siglo XIV al XVIII: Duccio di Buoninsegna, Canaletto, Giovanni Paolo Panini, Tintoretto, Gaspar van Wittel, Hubert Robert, Maerten van Heemskerck o Hans Vredeman de Vries, entre otros. Comisariada por Delfín Rodríguez, catedrático de Historia del Arte de la Universidad Complutense de Madrid, y Mar Borobia, jefe de conservación de Pintura Antigua del Museo Thyssen‐ Bornemisza, la exposición reúne la obra de muchos de estos prestigiosos artistas, procedente de colecciones particulares y museos de todo el mundo, con préstamos destacados de, entre otros, los Museos Vaticanos, la National Gallery of Art de Washington, la Galleria degli Uffizi, el Museo del Prado o, muy especialmente, Patrimonio Nacional.

Pintar arquitecturas significa establecer la escena del movimiento o de la posición de las figuras, dotarlas de un lugar verosímil espacial y visual, histórico o mítico, legendario o imaginario, incluso convertirse en innovadores proyectos arquitectónicos pintados, o en elocuentes fragmentos de construcciones que guían, con muros y huecos, las emociones e historias representadas. La vinculación de la pintura de arquitecturas y ciudades al viaje es otro aspecto fundamental en este proyecto, así como analizar las aportaciones y soluciones arquitectónicas que, en ocasiones, los propios artistas realizan en sus obras.  

Tras su aparente objetividad, las arquitecturas pintadas  ‐ciudades, palacios, construcciones efímeras, ruinas, proyectos‐  esconden símbolos, recuerdos o formas de propaganda política o religiosa de alcance en ocasiones mucho más complejo. Los pintores de arquitecturas y ciudades, cuya especialización fue aumentando a lo largo sobre todo de los siglos XVII y XVIII, atendían con su obra la demanda del poder político o religioso y de los intelectuales. Unas veces pintaban edificios fabulosos, inspirados en narraciones de viajeros, antiguos o modernos, o en textos de origen religioso o profano; escenarios y arquitecturas cargados de resonancias y símbolos sagrados o políticos, convertidos en signos de lujo o distinción de personalidades, en emblema de ciudades y naciones, o en recuerdo o exaltación de triunfos y viajes. Otras veces pintaban edificios en construcción o contemporáneos de la pintura, introduciendo el propio proceso de edificación en lo representado  ‐máquinas, instrumentos, operarios…‐; pintan también ruinas, identificadas en escenas religiosas, como la Natividad o la Adoración de los Reyes Magos, con la destrucción de un pasado pagano sobre el que se levanta la “nueva arquitectura” del Cristianismo o la representación de los órdenes arquitectónicos clásicos como símbolo del nuevo orden del Humanismo.  


Las arquitecturas pintadas se vieron pronto implicadas en la teoría misma de los sistemas de representación, especialmente en la perspectiva, y en la propia teoría arquitectónica. Pintura y arquitectura, y sus respectivos lenguajes, inician así sus tensiones y conflictos, con propuestas que van de la pintura a la arquitectura y de la arquitectura proyectada o construida a la pintura. Pintar arquitecturas era una forma de proyectarles y, al revés, proyectarlas y construirlas era una forma de pintar y ornar el mundo, también el mundo representado en la superficie bidimensional de un cuadro.

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